FRAN ANTON MESMER EL PADRE DEL MAGNETISMO ANIMAL

Fran Anton Mesmer el padre del magnetismo animal también conocido como uno de los padres de la sugestión fue una persona que causo asombro y al vez un gran rechazo en su época. En realidad, estos términos aún no existía en aquella época y a su facultad de sugestionar se la denomino, en aquel entonces, como mesmerismo.

Loco visionario para algunos, sanador y genio para otros, Frédéric Antoine Mesmer (1733-1815) dedicó gran parte de su vida a investigar el poder curativo de las fuerzas magnéticas. Sus teorías del poder curativo de los imanes dieron como resultado la teoría del magnetismo animal.

Durante su vida, fue acusado de robar procedimientos que no había inventado y las universidades más prestigiosas siempre le rechazaban. Pese a todo, Mesmer consiguió gran notoriedad gracias al éxito de sus curas.

Su famosa cuba curativa (una bañera magnetizada), originaba enormes colas de gente que venía de todas partes a intentar encontrar una solución a sus dolencias, lo que le hizo ingresar fabulosos beneficios.

Fundó en 1788 la Sociedad de la Armonía, donde instruía a los futuros magnetizadores y abrió sucursales por toda Europa. También llegó a formar parte de los Iluminados. Incluso la emperatriz Maria Antonieta, consorte de Napoleón, requirió sus servicios y le animó a fundar una clínica magnética que nunca vio la luz.

Acusado por sus enemigos, los animistas, de ser un fraude, Mesmer tuvo al final que exiliarse y vivir retirado hasta el fin de sus días.

Mesmer, fue doctorado en medicina en la universidad de Viena en 1766, la tesis doctoral para la ocasión se denomino “La influencia de los planetas”, y en ella sostenía la hipótesis de que un fluido invisible proveniente de los astros era el causante de lo que el denominaba fenómenos de “fuerza magnética” y “magnetismo animal, y aunque se basaba en conceptos que anteriormente trabajaban Paracelso o Kircher, fue el que trabajo mas a fondo esta teoría experimentalmente. Maximiliano Hell. fundador del Observatorio astronómico de Viena sugiere a Mesmer que trabaje más intensamente con imanes en sus tratamientos, porque “contienen y representan la fuerza de la gravitación en el universo”.

En 1773 comienzo a experimentar en curaciones con unas barras de hiero imantadas. Uno de los pacientes fue el profesor Osterwald presidente de la Academia de las Ciencias de Munich, a quien le resolvió una parálisis que le aquejaba durante muchos años… La noticia se extendió y gran cantidad de personas acudían a el para que les curase de sus dolencias.

Para poder atender el aumento de demanda diseño un invento denominado La baquet, una gran cubeta de madera con una barra central en posición vertical llena de recipientes de agua “magnetizada” entre los espacios colocaba más agua magnetizada, azufre, y manganeso. Del tonel salían unas barras de hierro con unos aros enormes en los extremos, los pacientes se rodeaban de ellos y unían las manos entre si. En una habitación en semi penumbra (como la de Gassner) y con una música de fondo para aumentar la sugestión, un coro de niños cantaba música religiosa y se oían campanas, Mesmer tocaba ligeramente a sus paciente con una barra de hierro también magnetizada en los miembros, el epigastrio y los hipocondrios. Las personas comenzaban a convulsionar se y a sufrir ataques histéricos, se creaba un contagio colectivo y cuando uno gritaba comenzaban a gritar los otros. Al ocurrir esto los llevaban a otra habitación denominada Sala de las crisis donde liberaban toda la energía contenida y finalmente se tranquilizaban.

Mesmer atribuye estas curaciones en parte al fluido magnético, en parte a la curación (como Gassner). En 1776 abandona la hipótesis de que ese magnetismo parte de los imanes para sugerir que procede del propio ser humano, además como tenia claro que la fe era una posible parte del proceso comienza a mirar fijamente a los ojos de los clientes mientras le magnetiza a través de imposiciones de manos.

El paso es que la fama de Mesmer comienza a aumentar en la alta sociedad de Viena y también a despertar celos y envidias. Mesmer es llamado por la hija del secretario del emperador y ahijada de la emperatriz, Maria Teresa Paradis. Estaba ciega desde los cuatro años, y Mesmer consigue con solo unas pocas sesiones de “magnetismo” hacer que recupere la vista. Esto llena de celos a uno de los mejores oftalmólogos de Viena, Von Stoeck, que había trabajado con Maria durante diez años sin obtener resultados. Un investigador debería reaccionar con curiosidad, quizás podría haberse preguntado “¿como puede haberse conseguido esta maravilla?, Me gustaría mucho que Mesmer que la conoce me enseñara el método para poder ayudar a la gente”. En lugar de ello, Stoeck se alío con los médicos que estaban a disgusto con Mesmer por su teoría no científica del magnetismo, acusándolo de brujo y mago negro, comenzó a intrigar dentro de la corte y finalmente consiguió presionar para que se suspendiera el tratamiento.

Al suspender el tratamiento Maria ¡volvió a perder la vista!, ¿por qué? en esta parte de la historia hay dos versiones de lo que ocurrió: La primera dice que Mesmer la convirtió en su amante una vez curada y que cuando su padre fue a buscarla se produjo un altercado entre ambos que acabó en duelo, lo cual cegó de nuevo a la muchacha al vivir el disgusto de sentir como dos seres queridos se enfrentaban entre si por su causa. La segunda versión dice que, una vez curada, fue rechazada por la Emperatriz, una mujer megalómana y caprichosa ya que decía que “no tocaba el piano como antes”, con lo que, por el disgusto de no se valorada, enfermo emocionalmente de nuevo y le volvió la ceguera. En cualquier caso era evidente que la ceguera de Maria era histérica, pero nadie pudo evitarlo.

Von Stoeck utiliza esto para desacreditar a Mesmer con mas fuerza y se ve obligado a irse de Viena hacia París. En París intenta que sus teorías sobre magnetismo sean aceptadas por la academia de las ciencias de París, se nombra un jurado científico que da finalmente un veredicto impactante pensamos que dicho método carece de pruebas que los efectos producidos por este pretendido sistema de curación se deben a la imitación, que son mas nocivos que útiles y que son dañosos porque pueden hacer contraer a personas bien constituidas un habito perjudicial para la salud.

Observaciones sobre los errores y cualidades de Mesmer.

Probablemente, el gran error de Mesmer fue potenciar el efecto histérico en las personas que trataba, porque, aunque más tarde Charcot en París, seria aclamado por ello, Mesmer creo el efecto totalmente contrario asustando a los atónitos observadores que observaban a sus pacientes convulsionar-se y gritar bajo los supuestos efectos inducidos por el mesmerismo (hipnosis) eso le causo el descrédito en la comunidad científica.

Otra aportación importante viene dada porque aunque fue un ferviente defensor de la hipótesis del magnetismo, Mesmer fue el primero que asocio un estado de voluntariedad y sugestión del sujeto relacionado con el proceso de sugestión. Efectivamente, Mesmer fue uno de los primeros investigadores que se atrevió a rastrear los efectos de la creencia en nuestra poderosa mente humana.

Franz Anton Mesmer, el padre del magnetismo animal

Fran Anton Mesmer el padre del magnetismo animal también conocido como uno de los padres de la sugestión fue una persona que causo asombro y al vez un gran rechazo en su época. En realidad, estos términos aún no existía en aquella época y a su facultad de sugestionar se la denomino, en aquel entonces, como mesmerismo.

Loco visionario para algunos, sanador y genio para otros, Frédéric Antoine Mesmer (1733-1815) dedicó gran parte de su vida a investigar el poder curativo de las fuerzas magnéticas. Sus teorías del poder curativo de los imanes dieron como resultado la teoría del magnetismo animal.

Durante su vida, fue acusado de robar procedimientos que no había inventado y las universidades más prestigiosas siempre le rechazaban. Pese a todo, Mesmer consiguió gran notoriedad gracias al éxito de sus curas.

Su famosa cuba curativa (una bañera magnetizada), originaba enormes colas de gente que venía de todas partes a intentar encontrar una solución a sus dolencias, lo que le hizo ingresar fabulosos beneficios.

Fundó en 1788 la Sociedad de la Armonía, donde instruía a los futuros magnetizadores y abrió sucursales por toda Europa. También llegó a formar parte de los Iluminados. Incluso la emperatriz Maria Antonieta, consorte de Napoleón, requirió sus servicios y le animó a fundar una clínica magnética que nunca vio la luz.

Acusado por sus enemigos, los animistas, de ser un fraude, Mesmer tuvo al final que exiliarse y vivir retirado hasta el fin de sus días.

Mesmer, fue doctorado en medicina en la universidad de Viena en 1766, la tesis doctoral para la ocasión se denomino “La influencia de los planetas”, y en ella sostenía la hipótesis de que un fluido invisible proveniente de los astros era el causante de lo que el denominaba fenómenos de “fuerza magnética” y “magnetismo animal, y aunque se basaba en conceptos que anteriormente trabajaban Paracelso o Kircher, fue el que trabajo mas a fondo esta teoría experimentalmente. Maximiliano Hell. fundador del Observatorio astronómico de Viena sugiere a Mesmer que trabaje más intensamente con imanes en sus tratamientos, porque “contienen y representan la fuerza de la gravitación en el universo”.

En 1773 comienzo a experimentar en curaciones con unas barras de hiero imantadas. Uno de los pacientes fue el profesor Osterwald presidente de la Academia de las Ciencias de Munich, a quien le resolvió una parálisis que le aquejaba durante muchos años… La noticia se extendió y gran cantidad de personas acudían a el para que les curase de sus dolencias.

Para poder atender el aumento de demanda diseño un invento denominado La baquet, una gran cubeta de madera con una barra central en posición vertical llena de recipientes de agua “magnetizada” entre los espacios colocaba más agua magnetizada, azufre, y manganeso. Del tonel salían unas barras de hierro con unos aros enormes en los extremos, los pacientes se rodeaban de ellos y unían las manos entre si. En una habitación en semi penumbra (como la de Gassner) y con una música de fondo para aumentar la sugestión, un coro de niños cantaba música religiosa y se oían campanas, Mesmer tocaba ligeramente a sus paciente con una barra de hierro también magnetizada en los miembros, el epigastrio y los hipocondrios. Las personas comenzaban a convulsionar se y a sufrir ataques histéricos, se creaba un contagio colectivo y cuando uno gritaba comenzaban a gritar los otros. Al ocurrir esto los llevaban a otra habitación denominada Sala de las crisis donde liberaban toda la energía contenida y finalmente se tranquilizaban.

Mesmer atribuye estas curaciones en parte al fluido magnético, en parte a la curación (como Gassner). En 1776 abandona la hipótesis de que ese magnetismo parte de los imanes para sugerir que procede del propio ser humano, además como tenia claro que la fe era una posible parte del proceso comienza a mirar fijamente a los ojos de los clientes mientras le magnetiza a través de imposiciones de manos.

El paso es que la fama de Mesmer comienza a aumentar en la alta sociedad de Viena y también a despertar celos y envidias. Mesmer es llamado por la hija del secretario del emperador y ahijada de la emperatriz, Maria Teresa Paradis. Estaba ciega desde los cuatro años, y Mesmer consigue con solo unas pocas sesiones de “magnetismo” hacer que recupere la vista. Esto llena de celos a uno de los mejores oftalmólogos de Viena, Von Stoeck, que había trabajado con Maria durante diez años sin obtener resultados. Un investigador debería reaccionar con curiosidad, quizás podría haberse preguntado “¿como puede haberse conseguido esta maravilla?, Me gustaría mucho que Mesmer que la conoce me enseñara el método para poder ayudar a la gente”. En lugar de ello, Stoeck se alío con los médicos que estaban a disgusto con Mesmer por su teoría no científica del magnetismo, acusándolo de brujo y mago negro, comenzó a intrigar dentro de la corte y finalmente consiguió presionar para que se suspendiera el tratamiento.

Al suspender el tratamiento Maria ¡volvió a perder la vista!, ¿por qué? en esta parte de la historia hay dos versiones de lo que ocurrió: La primera dice que Mesmer la convirtió en su amante una vez curada y que cuando su padre fue a buscarla se produjo un altercado entre ambos que acabó en duelo, lo cual cegó de nuevo a la muchacha al vivir el disgusto de sentir como dos seres queridos se enfrentaban entre si por su causa. La segunda versión dice que, una vez curada, fue rechazada por la Emperatriz, una mujer megalómana y caprichosa ya que decía que “no tocaba el piano como antes”, con lo que, por el disgusto de no se valorada, enfermo emocionalmente de nuevo y le volvió la ceguera. En cualquier caso era evidente que la ceguera de Maria era histérica, pero nadie pudo evitarlo.

Von Stoeck utiliza esto para desacreditar a Mesmer con mas fuerza y se ve obligado a irse de Viena hacia París. En París intenta que sus teorías sobre magnetismo sean aceptadas por la academia de las ciencias de París, se nombra un jurado científico que da finalmente un veredicto impactante pensamos que dicho método carece de pruebas que los efectos producidos por este pretendido sistema de curación se deben a la imitación, que son mas nocivos que útiles y que son dañosos porque pueden hacer contraer a personas bien constituidas un habito perjudicial para la salud.

Observaciones sobre los errores y cualidades de Mesmer.

Probablemente, el gran error de Mesmer fue potenciar el efecto histérico en las personas que trataba, porque, aunque más tarde Charcot en París, seria aclamado por ello, Mesmer creo el efecto totalmente contrario asustando a los atónitos observadores que observaban a sus pacientes convulsionar-se y gritar bajo los supuestos efectos inducidos por el mesmerismo (hipnosis) eso le causo el descrédito en la comunidad científica.

Otra aportación importante viene dada porque aunque fue un ferviente defensor de la hipótesis del magnetismo, Mesmer fue el primero que asocio un estado de voluntariedad y sugestión del sujeto relacionado con el proceso de sugestión. Efectivamente, Mesmer fue uno de los primeros investigadores que se atrevió a rastrear los efectos de la creencia en nuestra poderosa mente humana.

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